Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía

Cuando alguien ofrece un regalo, un favor, una ayuda o una oportunidad que parece demasiado buena para ser verdad, conviene poner los pies sobre la tierra y recordar que los santos están en los altares, no en las redes sociales.

Dr. Diego Garcés V.

8/7/20262 min read

person holding fan of U.S. dollars banknote
person holding fan of U.S. dollars banknote

El Diccionario de la Real Academia Española (RAE) define el refrán como un «dicho agudo y sentencioso de uso común». Los refranes transmiten sabiduría práctica, experiencia acumulada y consejos, enseñanzas o moralejas que una comunidad ha construido a lo largo del tiempo.

De todos los refranes que existen, y ante el bombardeo sistemático de las redes sociales con ofertas de tasas de interés inverosímiles, inversiones en grandes corporaciones, dádivas extraordinarias y facilidades de acceso sin firmas ni papeles, viene a mi memoria aquel que da título a este artículo: ̈Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía ̈

Este refrán nos recuerda que debemos actuar con cautela. Cuando alguien ofrece un regalo, un favor, una ayuda o una oportunidad que parece demasiado buena para ser verdad, conviene poner los pies sobre la tierra y recordar que los santos están en los altares, no en las redes sociales.

La advertencia es clara, detrás de una generosidad desmedida puede esconderse una intención oculta, una trampa o un favor que alguien pretenderá cobrarnos más adelante. Por eso, debemos cuestionar la autenticidad y la honestidad de quienes nos ofrecen el paraíso en la tierra.

En el mundo de las finanzas hay una regla que conviene tener siempre presente: a mayor rentabilidad prometida, mayor riesgo potencial. Una inversión que ofrece rendimientos extraordinariamente altos merece un análisis más riguroso, no un entusiasmo desmedido. Y si alguien promete ganancias elevadas sin riesgo, lo prudente es desconfiar y verificar.

El premio Nobel de Economía Ronald Coase popularizó una frase que invita a reflexionar ̈Si torturas los datos lo suficiente, confesarán cualquier cosa ̈. Precisamente por eso, debemos analizar con cuidado la información que recibimos, contrastar las fuentes y no dar por cierto todo lo que circula por las redes sociales. Que una oferta aparezca en internet no significa que sea legítima, ni que quienes la promueven tengan buenas intenciones.

No creo que sea mucho pedir que, en esta era de la velocidad y la impaciencia, nos tomemos unos minutos para «torturar los datos», investigar las fuentes y analizar las ofertas antes de entregar nuestro dinero o nuestros datos personales.

Después de todo, como nos recuerda otro viejo refrán ̈Don Juan Seguro vivió muchos años ̈. En tiempos complejos como los actuales, no siempre podemos controlar las circunstancias. Lo que sí podemos controlar es nuestra preparación para enfrentarlas. Y, cuando se trata de nuestro dinero, unos minutos de desconfianza razonable pueden ahorrarnos muchos años de arrepentimiento.

DIEGO GARCES VELALCAZAR